No voy a
escribir un canto de guerra ni de amor.
Voy a
escribir tu canto de guerra y tu canto de amor.
Que es el
canto de guerra y el canto de amor de nuestra América.
Esta América
negada, pateada, pisoteada, humillada
por los
modistos de la muerte, esos eternos parientes de la nada.
No voy a
escribir un canto de guerra ni de amor.
Voy a
escribir el canto de guerra y de amor de Manuela Sáenz,
la que
abrazó con sus piernas el cuerpo del Capitán
y anidó entre ellas su imperioso fuego,
esas piernas
que él acarició con sus manos y sus besos,
como
acarició y besó sus senos y su pelo
y sus caderas redondas de pan ecuatoriano.
Yo tampoco
sé quién la está besando y acariciando ahora.
Tampoco sé
quién está besando y acariciando a nuestra Eva.
A vos
Compañera de esta hora te proclamo:
¡Heredera de
esas dos mujeres americanas!
A vos
también te castigan con cinturones de víbora
y diarios de
víbora y pantallas de víbora y radios de víbora.
No soportan
que amen tu voz, las formas de tu voz, la silueta de tu voz,
y yo amo tu
voz y las formas de tu voz y la silueta de tu voz.
No soportan
que el pueblo ame tu cabellera derramada sobre tus hombros,
tus piernas
que abrazaron el cuerpo del heredero del Capitán,
él fue el
único que le dijo no a ese cuadro con el rostro de la Muerte
y prefirió
inmolar su vida antes de arriar una sola de sus banderas
y hoy que nuestra victoria agita sus banderas,
las altas
cumbres se nutren de llanuras y marchan
hacia el mar,
igual a
navíos que codician tu belleza.
Si volviera
te besaría con mil besos de bosques que navegan.
Qué poesía
que te recibe no se regala de alabanza, de elogio.
Qué poesía
que te recibe no alza su canto hacia el cielo.
El corazón
de Manuela y el corazón de Eva, laten en tu corazón.
Compañera,
los de siempre, te odian con el mismo odio que odiaron a Eva.
Su odio es inútil, nunca las
alcanzará el olvido.
Decís que a
El Calafate hay que conocerlo verde y blanco,
decís que a
las rosas de tu casa las cuidan tus manos,
pero no
decís que sus pétalos exigen que las cuiden tus manos.
Un horizonte de picos nevados.
Una bruma ligera se desprende del hielo.
La bruma ligera explota contra los rayos del sol.
El Calafate es verde.
Compañera,
sólo los corazones que aman ofenden a la muerte,
por eso
espero que estos versos lleguen a tu corazón
como una
primavera de amor y poderío a pesar del infortunio.
Como se ve
en el mar la noche estrellada sobre las aguas,
veo en vos,
coronada de flores, la victoria de nuestra América.
Vos también fuiste concebida
para el azul de alfarería
y para las aparadoras
y las empaquistas
y las hilanderas
y para las casas habitadas
y para el canto,
¡para el más crecido canto!
¡Cristina
Manuela
Cristina Eva
Cristina
celeste y blanca
Cristina
americana!
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