jueves, 12 de octubre de 2017

CANTO PARA UNA MUJER AMERICANA


No voy a escribir un canto de guerra ni de amor.
Voy a escribir tu canto de guerra y tu canto de amor.
Que es el canto de guerra y el canto de amor de nuestra América.
Esta América negada, pateada, pisoteada, humillada
por los modistos de la muerte, esos eternos parientes de la nada.

No voy a escribir un canto de guerra ni de amor.
Voy a escribir el canto de guerra y de amor de Manuela Sáenz,
la que abrazó con sus piernas el cuerpo del Capitán
y anidó entre ellas su imperioso fuego,
esas piernas que él acarició con sus manos y sus besos,
como acarició y besó sus senos y su pelo
y sus caderas redondas de pan ecuatoriano.
Yo tampoco sé quién la está besando y acariciando ahora.
Tampoco sé quién está besando y acariciando a nuestra Eva.

A vos Compañera de esta hora te proclamo:
¡Heredera de esas dos mujeres americanas!

A vos también te castigan con cinturones de víbora
y diarios de víbora y pantallas de víbora y radios de víbora.

No soportan que amen tu voz, las formas de tu voz, la silueta de tu voz,
y yo amo tu voz y las formas de tu voz y la silueta de tu voz.

No soportan que el pueblo ame tu cabellera derramada sobre tus hombros,
tus piernas que abrazaron el cuerpo del heredero del Capitán,
él fue el único que le dijo no a ese cuadro con el rostro de la Muerte
y prefirió inmolar su vida antes de arriar una sola de sus banderas
y  hoy que nuestra victoria agita sus banderas,
las altas cumbres se nutren de llanuras y  marchan hacia el mar,
igual a navíos que codician tu belleza.

Si volviera te besaría con mil besos de bosques que navegan.

Qué poesía que te recibe no se regala de alabanza, de elogio.
Qué poesía que te recibe no alza su canto hacia el cielo.

El corazón de Manuela y el corazón de Eva, laten en tu corazón.

Compañera, los de siempre, te odian con el mismo odio que odiaron a Eva.
Su odio es inútil, nunca las alcanzará el olvido.

Decís que a El Calafate hay que conocerlo verde y blanco,
decís que a las rosas de tu casa las cuidan tus manos,
pero no decís que sus pétalos exigen que las cuiden tus manos.

Un horizonte de picos nevados.
Una bruma ligera se desprende del hielo.
La bruma ligera explota contra los rayos del sol.
El Calafate es verde.


Compañera, sólo los corazones que aman ofenden a la muerte,
por eso espero que estos versos lleguen a tu corazón
como una primavera de amor y poderío a pesar del infortunio.

Como se ve en el mar la noche estrellada sobre las aguas,
veo en vos, coronada de flores, la victoria de nuestra América.

Vos también fuiste concebida
para el azul de alfarería
y para las aparadoras
y las empaquistas
y las hilanderas
y para las casas habitadas
y para el canto,
¡para el más crecido canto!
                                   ¡Cristina Manuela
                                   Cristina Eva
                                   Cristina celeste y blanca

                                   Cristina americana!

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